‘Escorzos para la ansiedad’, Madrid, 2007

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Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto’. Con esta misteriosa frase comienza no de los cuentos más conocidos de la literatura universal, ‘La Metamorfosis’, de Frank Kafka. En esta época, así como hoy en día, primaba la producción al bienestar de la mano productora. De esto derivó la idea de la explotación y denigración del ser humano, el cual se convirtió en una pieza de maquinaria, que si no funcionaba o lo hacía con desperfectos se cambiada sin ningún problema.

En mi adaptación de esta crónica del desasosiego está  presente la idea de miedo, la soledad, la marginación y el aislamiento creados por las nuevas tecnologías y el estrés del mundo laboral. Los vídeos fueron creados durante un período en el que trabajaba en una oficina. Kafka fue testigo de la Revolución Industrial, sin embargo, nosotros somos testigos de una Revolución Tecnológica, y supongo que así conocerán la época actual las generaciones venideras.

Paradójicamente, a pesar de vivir en una sociedad avanzada, cada vez es más frecuente el aislamiento y la incomunicación, las actitudes de la era de las nuevas tecnologías tienen mucho que ver con la dificultad para  mantener relaciones físicas. En Japón y en China esto lleva a muchos jóvenes a encerrarse en sus habitaciones, de una manera enfermiza, con sus ordenadores portátiles o con sus consolas de videojuegos, por la imposibilidad de exteriorizar sus emociones y de cumplir el papel que la sociedad supuestamente espera de ellos. El resultado de todo es un viaje hacia dentro, que acaba en encierro.

En mi reinterpretación de ‘La Metamorfosis’, el énfasis no se pone en la animalización de la protagonista -su transformación en insecto-, sino en su deshumanización.   Parto de la experiencia subjetiva, dentro de un contexto objetivo – una sociedad occidental supuestamente desarrollada – para plasmar creativamente  estados de estrés, ansiedad y el desconocimiento ante un entramado burocrático que rodea a los seres humanos, seres que luchan contra una estructura en forma de laberinto, que no comprenden y no comprenderán jamás, sujetos sin identidad y sin nombre.

Además, la novela y mis vídeos reflejan una sociedad en la que las personas tienen dificultad en cultivar y mantener relaciones familiares, de amistad y de amor. Revela una vida mezquina,  sin ilusión ni libertad, sin humanidad.  El escarabajo de Kafka ‘no se hacía comprender de nadie’, pero el personaje-ser humano Gregorio tampoco. Los grises de mis vídeos están inspirado en la vida de Gregorio, que transcurre monótona entre las paredes de su cuarto, siempre cerrado y cuya ventana da a un paisaje de lluvia y niebla, a un ‘desierto en el cual fundíanse indistintamente el cielo y la tierra por igual grises’. En realidad, Gregorio es un insecto -un excluido de la relación humana- antes de su metamorfosis.  En la metamorfosis es cuando emerge la conciencia de esa inhumanidad.

El cuerpo oscuro del personaje principal de la novela, Gregorio, se convierte en un ente oscuro, comvulsivo y convexo, todo su cuerpo en forma de  insecto se mueve sin vida, jadeando. El sistema que no comprende le ha ido succionando la vida. En mis vídeos intento captar esos movimientos azarosos,  consistentes en una sucesión de poses inestables. Desmonto el cuerpo para estudiar sus mecanismos de construcción y, así, poder alcanzar una nueva versión de su composición en el espacio.

Gregorio vive encerrado en su cuarto, sin muebles ni detalles, donde reina el vacío, entorno templado, oscuro y privado de claridad. A medida que Gregorio se va animalizando, necesita tener la habitación libre de objetos para poder circular sin problemas por todo el espacio. En un principio, a Gregorio le alegra esta idea, pero cuando se da cuenta de que se está deshumanizando, decide aferrarse a lo único que tiene, al cuadro.  La sencilla mis-en-scène de los vídes contribuye a fomentar esta sensación de aislamiento y claustrofobia: un suelo de cartón y unos fondos negros, con una iluminación de infrarrojos escasa, centrada en la figura principal.

El protagonista kafkiano tampoco es capaz de pronunciar las palabras con claridad, ni él mismo entiende el sonido de su voz. Por ello, concibo el audio como un generador de atmósferas, experimentando con las velocidades de los sonidos y con el loop, para crear unos sonidos indescriptibles que trazan el drama de Gregorio. Se ha distorsionado mi voz, así como la de los audios entremezclados de  Yoko Ono, Jimmy Hendrix y The Morphine.

La actualización del clásico de Kafka me parece necesaria, en la medida que acerca la neurosis al tiempo moderno, descubriendo lo fácil que es pasar de la cordura al desequilibrio cuando algo que no entendemos se aloja en nuestra vida diaria. Nos ha tocado vivir un tiempo histórico de crisis, donde a medida que se produce un inédito desarrollo tecnológico, los desarreglos económicos y de conducta son cada vez más comunes y afectan a un mayor número de seres humanos en las mal llamadas sociedades avanzadas. El avance es tecnológico, no humano, como bien muestra Kafka en los inicios de la Era Industrial. Las cosas no han cambiado mucho.

Este proyecto entronca con la tradición del performance de los rituales paganos, los dramas de la pasión medievales y la experiencia religiosa de las místicas, actos catárticos que rozaban la herejía. Por otro lado, me interesa el problema de la identidad de las cosas y el azar, que ya fue tratado en los años 20 por Magritte, Buñuel, Duchamp, Man Ray. También me inspiro en la corriente que trazaron los artistas conceptuales de los años sesenta, que empezaron a utilizar el medio fotográfico como elemento partícipe de sus proyectos, acciones y performances: el movimiento Fluxus, las esculturas vivas de Piero Manzoni, las modelos de Ives Klein en sus ‘Antropometrías del período azul’, Marina Abramovic, Hannah Wilke, Carolee Schneemann y Yoko Ono, concibiendo el cuerpo como instrumento político y de metamorfosis trascendental.

Diana Coca

Colabora: Alberto Peral, Laura Marte, Elena Quintana, La Casa Encendida, Aula de Danza Estrella Casero de la Universidad de Alcalá de Henares

Publicado en:

DIANA COCA (2009). ESCORZOS PARA LA ANSIEDAD. REVISTA CAIRÓN. CUERPO Y ARQUITECTURA12. ALCALÁ DE HENARES: SERVICIO PUBLICACIONES UNIVERSIDAD DE ALCALÁ, AULA DE DANZA ESTRELLA CASERO, ARTEA INVESTIGACIÓN Y CREACIÓN ESCÉNICA

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